El productor federado José Luis Peter, de 57 años, nació y vive en la zona de islas del departamento Islas del Ibicuy. La casa donde crecieron sus padres y la suya propia, se encuentra a la vera de los cursos de agua. Añora aquellos tiempos en los que las islas estaban habitadas y productivas, cuando mucha gente vivía y trabajaba en ellas.
Hoy, señala que la ganadería cumple un rol fundamental, mientras que la forestación, por diversas razones, ha ido perdiendo terreno. Destaca además la importancia del sistema silvopastoril como una herramienta clave para la recuperación del carbono y la sostenibilidad ambiental.
José Luis es uno de los isleños que se aferran a su hábitat, adaptándose a los nuevos tiempos sin abandonar sus raíces. Con su bombacha de campo cubierta por guardamontes, camisa y boina, encara las tareas ganaderas en la zona de Villa Paranacito, a pocos kilómetros del primer puente que une Entre Ríos con Buenos Aires, en el sur provincial.
En plena segunda campaña de vacunación contra la fiebre aftosa, Peter lidera las tareas de encierre y vacunación de las categorías menores en el establecimiento familiar. Además, continúa con la forestación, actividad para la que dispone de un barco con el que navega las aguas del delta.
“Es un trabajo duro, porque la geografía de las islas no es la misma que la del continente: todo cuesta un poco más”, comenta.

En el marco del Día del Isleño, Peter reflexiona: “Somos pocos los que seguimos trabajando y viviendo en las islas”. Recuerda que sus abuelos llegaron a la zona en 1929 con una “cultura de trabajo muy fuerte que continuaron mis padres, y que hoy seguimos mis hijos, hermanos y sobrinos”.
Como muchos pioneros, su familia se enfrentó a una geografía compleja, con sudestadas e inundaciones devastadoras como las de 1959, 1983 y 2016. “Muchos no soportaron la dureza del clima y decidieron emigrar”, cuenta.
Peter rememora aquellos años en que “teníamos 11 clubes, 18 equipos de fútbol y escuelas en distintos puntos a los que los alumnos llegaban en lancha. Lo que hoy es Villa Paranacito era una simple calle a la vera del río, con algunos edificios y casas”.
El despoblamiento de las islas y la llegada de nuevos habitantes transformaron a Paranacito en cabecera departamental. “Antes era un ir y venir de embarcaciones de todo tipo, incluso las “lanchas almacén”, verdaderos supermercados flotantes que recorrían los cursos de agua. Había trabajo en las plantaciones. Hoy todo cambió: la forestación atraviesa una situación difícil, con pocos aserraderos y menor demanda”, lamenta.

Respecto de la ganadería, Peter señala que “ha ganado terreno en los últimos años. Supimos tener unas 390.000 cabezas hace tres años y hoy rondamos las 360.000, de las cuales unas 100.000 son madres”.
La ganadería se consolida como la principal fuente de ingresos en la zona de islas, con productores de distintas escalas, seguida por la forestación, la apicultura y el cultivo de nuez pecán, que ocupa alrededor de 1.500 hectáreas.
Como dice Peter, quedan pocos isleños, pero muchos de ellos apuestan fuerte a la ganadería de ciclo completo, manteniendo viva la tradición de trabajo y resiliencia que caracteriza a los habitantes del delta entrerriano.




